LA CRÓNICA FRANCESA: UNA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA ESCRITA CON EL SELLO DE WES ANDERSON

Ya está en salas de cine disponibles una de las películas más esperadas del año. LA CRÓNICA FRANCESA, el film número diez del icónico cineasta estadounidense Wes Anderson.

La película da vida a una colección de historias del último número de una revista estadounidense publicada en Ennui-sur-Blasé, una ciudad francesa ficticia del siglo XX, y está protagonizada por un elenco coral de renombrados actores y actrices, incluidos Benicio del Toro, Adrien Brody, Tilda Swinton, Léa Seydoux, Frances McDormand, Timothée Chalamet, Lyna Khoudri, Jeffrey Wright, Mathieu Amalric, Stephen Park, Bill Murray y Owen Wilson.

Como suele suceder con las películas de Anderson, en LA CRÓNICA FRANCESA conviven múltiples referencias y mundos. En este caso, se trata de historias dentro de otras historias, dentro de recuerdos, dentro de encuadres, que convergen en un todo orgánico. El film es un tributo del cineasta a Francia y el cine francés, y también es una conmovedora reflexión sobre el desarraigo y la vida de expatriado. Pero, sobre todas las cosas, LA CRÓNICA FRANCESA es una poderosa carta de amor a la palabra escrita y a quienes hacen honor a ella a través de su profesión.

UNA PASIÓN, UN HOMENAJE

LA CRÓNICA FRANCESA gira en torno a las historias escritas para la revista ficticia que da título al film, que a su vez está inspirada en The New Yorker, la legendaria publicación fundada en 1925 que compendia ensayos, críticas, reportajes y piezas de ficción y forma parte esencial de la cultura periodística y literaria estadounidense del último siglo.

Quienes conocen a Anderson no se sorprenden de este homenajeque hace el realizador a través de esta película. “Cuando compartíamos habitación en la universidad, él estaba todo el tiempo leyendo The New Yorker, lo cual era bastante inusual. No recuerdo que estuviera suscripto, eso habría estado fuera de su alcance económico, pero estaba completamente absorbido por esa revista”, relata el actor Owen Wilson, amigo cercano y recurrente colaborador de Anderson.

El mismo cineasta cuenta que su relación con la revista es de larga data: “Cuando estaba en décimo grado, mi hora de estudio transcurría en la biblioteca, y frente a mí tenía estantes de madera con numerosas revistas. Me llamó la atención una con una ilustración en la tapa, y comencé a hojearla. Así me volví un asiduo lector de The New Yorker mientras esperaba que empezaran las clases. Comencé a leer números anteriores y a reparar en los nombres de los reporteros que aparecían una y otra vez. Y me volví totalmente fanático”.

La Crónica Francesade la película es un tributo a esa temprana pasión de Anderson, y queda evidenciado en cuatro historias sorprendentes y complejas, de una elaboración exquisita, con una riqueza de detalles, inesperadamente graciosas y más inesperadamente conmovedoras.

UNA REVISTA QUE COBRA VIDA

El amor de Anderson por la palabra escrita y el mundo del periodismo impreso también se evidencia en la forma en que está estructurada la película. Dividida en cuatro partes, dedicadas a las cuatro historias publicadas en este número de la revista, el formato del film emula el sumario de la publicación. Así, la audiencia se sumerge en las historias -vívidas, conmovedoras, ricas en detalles- como si las estuviera leyendo, al mejor estilo de las celebradas crónicas de The New Yorker. Era el tipo de artículo que uno leía y te transportaba a otro lado, antes de Google y las transmisiones en vivo. Realmente te daba una sensación de lugar –los olores, el sabor y el carácter– a través de las palabras de alguien con la habilidad para evocar imágenes en tu mente”, describe el productor de la película Jeremy Dawson.

A su vez, el film lleva la impronta del periodismo gráfico en su estética. Entre otros, está presente en el logo del título, en los subtítulos que presentan las historias y en el “clima de redacción” que se crea a través de los personajes y sus andanzas. El encanto irresistible de las redacciones periodísticas está maravillosamente recreado a través de las oficinas de La Crónica Francesadonde los cronistas escriben, conversan o simplemente comparten el tiempo libre, al son del repiqueteo de las máquinas de escribir y envueltos en el humo de los cigarrillos.

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